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miércoles, 5 de mayo de 2021

Sapiens. De animales a dioses, Yuval Noah Harari

Este magnífico ensayo versa sobre la capacidad del Homo sapiens de evolucionar, no solo mediante estímulo directo del hábitat o medio ambiente que le rodea, sino a causa de una necesidad también primaria que es de orden social.

¿Qué es lo que ha hecho que el Homo sapiens pueda enfrentar y superar especies animales con mayor fuerza y peso?

Ante este interrogante, Yuval Noah Harari nos propone una respuesta: la colaboración de los individuos. En simios esta colaboración parece darse también, pero siempre en grupos pequeños de individuos relacionados íntimamente entre ellos. ¿Qué hay de especial en el Sapiens? Eso mismo, la capacidad de generar una ficción que permite la colaboración masiva de la especie.

¿A qué llama ficción el autor? Ahí aparece un aspecto algo controvertible. Él llama ficción al producto de nuestra capacidad de abstracción, al resultado de toda nuestra capacidad representativa, todo aquello que nos permite crecer y, a la vez, nos pone limitaciones: nuestra cultura, nuestras leyes, nuestras creencias, nuestra economía, nuestra política, en suma, todo aquello que logra diferenciarnos del resto de los animales pero que, a la vez, no es innato, sino adquirido.

El libro me ha resultado ameno, muy didáctico, cargado de información histórica que es presentada dentro del eje de la narración que nos ocupa: la evolución del Sapien desde que parte en su éxodo del África Oriental hasta nuestros días. No es un libro que aburra, no es una enumeración de hechos y contextos que se presenten a modo de inventario. Es un libro que interpela y presenta las hipótesis reconociendo abiertamente que no se sabe a ciencia cierta la respuestas certeras a muchos interrogantes sobre la humanidad y que, más bien, se tienen diferentes posiciones sobre los mismos. Es tarea del lector escoger la que más probable le parezca. 

Así se indagan las posibles causas de los cambios, las distintas tesis propuestas por los investigadores sobre, por ejemplo, la revolución cognitiva o la revolución agrícola. ¿Qué fue lo que hizo que Sapiens comenzara a crear ficciones? ¿Qué fue lo que lo llevó a cambiar su nomadismo y su milenario hábito de caza y recolección por el arraigo a un suelo y un trabajo más exigente de agricultura?

Lo demás quizás obtenga más quorum: cuestiones como el advenimiento del dinero, (al comienzo con valor intrínseco, luego sin valor intrínseco), la era industrial, la capacidad de inversión.

El autor, finalmente, se pregunta por la felicidad. La prosperidad de la especie no trae felicidad a nivel individual, puesto que el hecho de que una especie se extienda no genera cambios en su situación individual. En esto, invoca el ejemplo del ganado. Por mucho, vacas, pollos y cerdos, son animales que nos superan en número y tienen asegurada su continuidad sobre el planeta, pero ese hecho no los hace llevar una vida feliz. Justamente, muy por el contrario, un animal de criadero probablemente sea, por mucho, de los más infelices. 

¿Cabe pensar que nuestros antepasados, con menos comodidades, con hambrunas, sin las medicinas que hoy consideramos esenciales, con una vida más corta y castigada hayan sido más felices que nosotros? ¿Qué es entonces la felicidad? 

Ahí es donde aparece el aleteo sutil de Viktor Frankl en la tentativa de respuesta

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