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Sugerencia de la semana: Noche en el hotel, Slawomir Mrozek (microcuento)
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sábado, 28 de mayo de 2011

Saramago, una mirada triste y lúcida, Andrés Sorel

Para los que gustan de Saramago, este es un libro interesante, ya que nos acerca a él, más que a sus obras o, quizás, nos hace verlo a través de ellas. Con tono reflexivo, algo nostálgico, el autor ha querido mostrarnos al ser humano que hay detrás del escritor, cuáles son sus ideas, cómo ve el mundo y cuánto reniega del capitalismo, del consumismo, de la mercantilización de la cultura, de la tiranía de los medios de comunicación y de la burocratización de los partidos políticos. Lo que inquieta a Saramago (se me hace imposible utilizar el pasado), y está expuesto en múltiples paráfrasis y citas textuales, es la incapacidad del ciudadano de intervenir en las circunstancias de la vida pública. La incapacidad de pensar, no ya por sí mismo, si no ya de pensar, lisa y llanamente. El mundo de ciegos brutales que habitan sin nombres en Ensayo sobre la ceguera da buena cuenta de esta visión. Esa uniformización del pensamiento, esa masificación de la cultura, hizo que el escritor tuviera a bien representar a los individuos por sus roles, la mujer de, el médico o el niño estrábico. ....Hay múltiples datos que nos interesan a los que seguimos a José Saramago, como sus gustos personales, anécdotas, fragmentos de cartas y transcripciones de partes de conferencias, interpretaciones de hechos históricos, oficios que desempeñó, roles que tomó, circunstancias que lo marcaron, algunas fotografías, etc.
Y de fondo la música. (...) música, me dice, que ama, como esos estudios de Chopin que escuchamos, el opus 25 número 12 en do menor es su preferido.
El autor viaja a los lugares clave en la vida y en la obra de Saramago y apunta sus impresiones, siempre preñadas de recuerdos que comparte con el escritor biografiado. Describe las localidades, compara con el pasado, advierte la vertiginosidad del progreso, la ignorancia creciente y complaciente en que se solaza nuestro mundo, lleno de gentes que han dejado de ser y han pasado a tener sin pararse a reflexionar en lo que esto acarrea, ni en cómo afecta al planeta. 
Por su condición económica, Saramago postergó el estudio y aprendió a temprana edad el oficio de cerrajero. Fue mecánico, trabajó en el Hospital Civil de Lisboa y en las oficinas del registro civil. Ya escritor, fue influido especialmente por el jesuita Antonio Vieira, de quien tomó el conceptualismo y la tendencia al barroquismo, y también por Fernando Pessoa y Cammoes, entre otros.
Ese gusto por la oralidad, cierto tono bíblico, el relato sin pausa, la mezcla de estilos que se encuentra bien en el tono bíblico, de sermón moral o en la ironía cáustica del narrador que va introduciendo al lector en la historia y el análisis de la condición moral y ética de cuanto le rodea, explica, es parte de la herencia de Vieira asumida por Saramago, como asume la de muchos otros creadores que justifican la célebre explicación borgiana de que uno antes que escritor es lector.
Después del primer libro, Tierra de pecado, como ya sabemos, calló por diecinueve años. Hay algunas verdades que el mundo rechaza. Cuando retomó la pluma, lo hizo con poesía. Fue la única vez que incursionó en el género lírico y al parecer fue inducido por el impacto que le ocasionó la obra poética de José Regio.
Algunos, muchos, no quieren ver la mirada de Saramago, porque es una mirada lúcida y penetrante, éticamente irreprochable. Ellos se lo pierden. La mirada de un pesimista que no se conforma con ser otro ciego de los que exhiben en los salones de moda. Un pesimista a la manera que Mario Benedetti definió este concepto: un pesimista es un optimista bien informado.
Sorel define el estilo de Saramago como antiacadémico, humorístico, desacralizado y lleno de guiños intertextuales. Entre las muchas citas de Saramago que el autor inserta en el libro, no ya de su obra literaria, si no de sus opiniones públicas, disertaciones, entrevistas, ensayos, cartas, etc., hay mechadas valiosas palabras de otros intelectuales, que vienen a afirmar conceptos, a aclarar situaciones y a presentar escritores cuyas opiniones los vuelven de apetecible lectura.
Fragmento de la cita que hace Sorel de H. M. Enzensberger: El analfabeto secundario es producto de una nueva fase de industrialización. El medio ideal para el analfabeto funcional es la televisión. Al hecho de ser retrasado mental es a lo que debe la televisión su encanto, su irresistibilidad, su éxito.
Cita a Schopenhauer El optimismo en las religiones, como en la filosofía (podríamos añadir nosotros y en la literatura) es un error fundamental que cerca el camino a cualquier verdad.
Hace un recorrido de los libros de Saramago y va desentrañando su sentido y su intensión, develando algunos puntos de contacto con otros libros, desmadejando su sentido filosófico y político. Impulsa algunas interpretaciones que a los lectores se nos pasarían por alto por no conocer la historia del país del autor, la idiosincrasia cultural, la vida de éste, su forma de pensar, etc.
Puedo decir, que luego de esta lectura, me han invadido ganas de leer Memorial de convento (que a Umberto Eco ha deslumbrado), Todos los nombres (la que me falta para completar la trilogía que forma junto a Ensayo sobre la ceguera y La caverna, esta última es una espectacular mirada al consumismo y a la mentira en que vivimos inmersos) y Alzado del suelo, que denuncia la brutalidad de la represión policíaca y de la censura política, entre otras cosas (con base en hechos reales).
Para dar apellido al protagonista de la novela Alzado del suelo, el denominado Maltiempo, Saramago acudió al cementerio de Montemor, buscando en las lápidas apodos y nombres (...) Saramago no puede leer el capítulo que narra las torturas y asesinatos de uno de los protagonistas. Lloraría al releerlo, me reconoce.
La política es un tema transversal en este estudio. Saramago era comunista, de los que no se esconden, y este su condiscípulo se encarga de develar un poco la historia escondida tras la historia oficial, o tras el olvido, o tras la demonización de un partido tenido por terrorista.
Sin concesión alguna a los auténticos dioses que nos gobiernan: los de la Iglesia, el capital y el mercado, Saramago es la consciencia crítica y solidaria, el escritor y el ciudadano que no puede sentarse a la mesa del recompuesto poder.
Sorel nos deja ver cuánto le interesaba a Saramago el asunto de la educación, cuánto le preocupaba la degradación de ésta y la pérdida general de valores humanos. También nos previene del desprecio de ciertas elites de intelectuales hacia los escritores llamados socialmente comprometidos. Ahora está de moda escribir para entretener.
Pero los maestros no son valorados, no son el "ejemplo" para quienes ensalzan sin embargo a corruptos personajes que triunfan en la política, los negocios, los deportes, la cultura del espectáculo, lo peor de la vida pública. Y lo que se obtiene es el estímulo a la violencia, la perversión de los valores humanos, se alimenta el miedo y las familias se encuentran cada vez más desorientadas, pues lejos de educar acaban cobrando temor al los hijos y por eso ya no se enfrentan a ellos, explicó Saramago.
Estas de abajo son algunas de las citas textuales que el autor hace de Saramago, recogidas de diversos medios:
Quisiera una prosa descansada, tranquila, que dijera las cosas más serias de forma simple. Una prosa que se ayudara a sí misma y en la que yo no interviniera.
Me veo como un narrador oral cuando escribo (...) Ahora bien, el narrador oral no usa puntuación, habla como si estuviera componiendo música. (...) Determinadas tendencias que reconozco y confirmo (estructuras barrocas, oratoria circular, simetría de elementos) supongo que me vienen de una cierta idea del discurso oral tomado como música.
Las tres enfermedades del hombre actual son la incomunicación, la revolución tecnológica y la vida centrada en su triunfo personal.
Yo quiero que en mi lápida diga "Aquí yace, indignado, José Saramago"
.Este libro se editó en 2007. Saramago murió en 2010 y fue cremado, por tanto, no hay tumba, pero sí una piedra que reza: "pero no subió a las estrellas, si a la tierra pertenecía" (frase tomada de su novela Memorial del convento). Sus cenizas fueron depositadas en partes iguales en su Azhinaga natal y en la isla española de Lanzarote donde murió.

jueves, 5 de mayo de 2011

Sobre la procreación humana, José Saramago / Flannery O'Connor


...pero qué triste la gente sin otra finalidad en la vida que la de hacer hijos sin saber por qué ni para qué. Para continuar la especie, dicen aquellos que creen en un objetivo final, en una razón última, aunque no tengan ni idea de cuáles son y nunca se hayan preguntado en nombre de qué tiene que perpetuarse la especie, como si fuese ella la única y última esperanza del universo.
Caín, José Saramago


—Los tiempos están cambiando —afirmó ella—. ¿Sabes tú lo que está sucediendo en el mundo? Está creciendo. Hay tanta gente que solo aquellos que son inteligentes, activos y ahorrado­res van a poder sobrevivir—. Recalcó las palabras inteligentes, activos y ahorradores golpeándose la palma de la mano.
[...]
—¿Y cómo es qu'hay tantos? —preguntó él.
—La gente es egoísta —respondió ella—. Tienen demasiaos críos. Eso ya no tiene sentido.
La persona desplazada, Flannery O'Connor

lunes, 2 de mayo de 2011

Caín, José Saramago

Si en El evangelio según Jesucristo nos da una versión del Nuevo Testamento, en este libro nos da una sobre el Viejo Testamento. Si en el primer libro pone en jaque a las creencias de los cristianos, en este otro apunta a las de los hebreos, aunque, claro está, están incluidas en el cristianismo. Comienza a narrar desde la creación de Adán y Eva, incluyendo el diluvio universal, pasando por todas aquellas vicisitudes que tienen especial relevancia en la religión. Hace de Caín un personaje testigo, e incluso, intervencionista, en diversos momentos y lugares. Caín viaja por el tiempo y por el espacio involuntariamente. Tiene un hijo con Lilith; es él quien detiene el brazo filicida de Abraham; observa indignado cómo Dios destruye la torre de Babel; defiende la libertad de culto cuando sucede lo del becerro de oro; le parece un abuso de Dios lo que le hace al pobre y fiel Job; se espanta ante la masacre de Sodoma (con tantos niños y mujeres inocentes quemados vivos); y no le gusta nada la decisión caprichosa del Señor de terminar con el humano mandando un diluvio, como si eso garantizara que la nueva descendencia no fuera a incurrir en los mismos errores. Se cuestionan desde todo punto de vista las inconsistencias bíblicas y los sinsentidos.
Clama a los cielos la imprevisión del señor, ya que, si realmente no quería que le comiesen el fruto, fácil remedio tendría la cosa, habría bastado con no plantar el árbol
Por supuesto y, igual que en El evangelio según Jesucristo, Saramago confronta y pone en evidencia la gran contradicción inherente al cristianismo: el libre albedrío y la predestinación. Dios es el hacedor de todas las cosas y mueve a todos los seres. ¿Cómo entonces tendrían ellos libertad de acción si todos sus movimientos ya están determinados antes de nacer? ¿De quién es entonces la culpa de los actos de maldad humana? ¿Cómo han de escaparse los hombres a los designios de Dios cuando estos los lancen hacia el pecado? Dice Caín a Dios cuando éste viene a ponerle la marca en la frente por su crimen:
Sí, es verdad, yo fui el brazo ejecutor, pero la sentencia fue dictada por ti.
La extraña protección que ofrece Dios al culpable en la Biblia (eso de ponerle una marca en la frente denotando su criminalidad, pero jurarle resguardo ante cualquier posible atacante) queda explicada en la versión saramegeana como un cargo de consciencia divino por tener culpa compartida. Pues, aún si no fuera suficiente el hecho de que todo sucede por voluntad exclusiva de Dios, está el acontecimiento desencadenante: que Dios haya preferido la ofrenda de Abel y haya desdeñado a la de Caín, que haya sembrado discordia entre los hermanos estableciendo preferencias. Luego, sucede lo de Abraham:
El lector ha leído bien, el señor ordenó a abraham que le sacrificase su propio hijo, con la mayor simplicidad lo hizo [...] Lo lógico, lo natural, hubiera sido que abraham mandara al señor a la mierda, pero no fue así. [...] Les dijo entonces a los criados, Quedaos aquí con el burro que yo voy hasta más arriba con el niño a adorar al señor. Es decir, además de ser tan hijo de puta como el señor, abraham era un refinado mentiroso.
La incisiva, irónica y, hay que decirlo, cómica mirada de Saramago les da un sentido y un tono distinto a los acontecimientos. Transcribo este diálogo entre Isaac y su padre alterando la forma original para que quede claro quién habla en cada ocasión (Saramago separa un diálogo de otro por una coma y una mayúscula, sin hacer uso del guión o de las comillas):
Isaac: Padre, qué te hecho para que quisieras matarme a mí que soy tu único hijo Abraham :Mal no me has hecho, isaac [...] La idea fue del señor. Isaac: Y qué señor es ese que ordena a un padre que mate a su propio hijo Abraham: Es el señor que tenemos, el señor que estaba aquí cuando nacimos [...] Isaac: Y si ese señor tuviera un hijo también lo mandaría a matar. Abraham: El futuro dirá. [...] Isaac: Y si tú hubieras desobedecido la orden, qué habría sucedido. Abraham: Lo que el señor suele hacer es mandar la ruina o una enfermedad a quien le falla. Isaac: Entonces el señor es un rencoroso.
Las mujeres en las novelas de Saramago tienen roles decisivos, no son adornos. Le gusta poner en evidencia el machismo, casi que queda como la gran debilidad del hombre débil, valga la redundancia. En ese sentido, me siento segura al leerlo, sé que no encontraré esos molestos guiños que algunos escritores hacen a los lectores masculinos. Al contrario, Saramago no se avergüenza de poner al género masculino en ridículo a causa de su machismo. Hay que notar la sorna con que relata el episodio de Adán tras morder la manzana, pues éste le echa la culpa a Eva y Dios la condena a padecer siempre el gobierno del hombre. Sabemos que Saramago es ateo y que, en virtud de eso, no está acusando a Dios de todo lo que le imputa, sino a las criaturas que lo crearon: los humanos. Dios es creación humana, por ende, todas sus características serán una trasposición, estarán al servicio de los ideales en boga y servirán de comodín para diversas injusticias. ....Lilith, que se enamora de Caín, le pide a éste que mate a su esposo, pues su esposo ha pasado sobre la gran autoridad que es Lilith en su tierra y ha querido asesinar a su enamorado. Claro, Lilith se siente incapaz de cometer el crimen, y Caín le dice:
Hombres que matan mujeres es cosa de todos los días, matándolo tú a él tal vez inaugures una nueva época.
Pero como ninguno de los dos tiene la suficiente maldad para acometer un asesinato, el marido vive hasta perecer de muerte natural. Es de destacar que al escritor le gusta invertir los planos, poner a los supuestos buenos como malos y a los llamados malos como víctimas de los buenos. Los que por tradición religiosa son buenos se vuelven malos a raíz de su conservadurismo, su pasividad y su obediencia irreflexiva y los que tradicionalmente se conocen como malos se descubren buenos porque no temen emitir su juicio sobre los designios divinos, cuestionándolos y rebelándose ante ellos. Estos últimos son los desventurados de la historia, los estereotipos, víctimas de la universalización de una parábola ejemplificatoria sacada de contexto, reformada o de dudosa interpretación ética. ....En el pasaje de la Torre de Babel:
Un habitante: Probablemente ni ruinas habrá, hay por ahí quien le ha oído decir al señor que mandará un gran viento para destruirla, y lo que el señor dice, lo hace. Caín: Los celos son su gran defecto, en vez de estar orgulloso de los hijos que tiene, prefiere dejar que lo venza la envidia, está claro que el señor no soporta ver a una persona feliz.
Caín encarna la racionalidad. Libre de prejuicios y del pensamiento supersticioso o ávido de milagros, no se conforma con explicaciones complacientes. Piensa claramente y no siente temor a Dios. Esto es lo que Caín advierte en el pasaje en el que Lot es emborrachado por sus hijas que se acuestan con él para darle descendencia, (ya que su mujer ha muerto convertida en sal por mirar hacia atrás por la maldad divina).
A un hombre borracho de esa manera, hasta el punto de no darse cuenta lo que está pasando, la cosa simplemente no se le levanta, y si no se le levanta la cosa, entonces no puede haber penetración y, por tanto, de engendrar, nada. Que el señor haya admitido el incesto como algo cotidiano y no merecedor de castigo [...] no es nada que deba sorprendernos [...] Es posible, aunque esto no pase por ahora de una simple hipótesis de trabajo, que la liberalidad del señor en esto de hacer hijos tuviera que ver con la necesidad de suplir las pérdidas en muertos y heridos que sufrían los ejércitos propios y ajenos.
Se pone en evidencia la parcialidad del señor, que se alía con el ejército israelita y masacra a las poblaciones de los alrededores sin ninguna compasión divina, como si de ellos no fuese dios. Así, se destruye a los madianitas, se toman sus bienes, se matan a sus hijos y se expropian a sus mujeres. Se destruye Jericó y se tira abajo su templo. Se saquean y se incendian un sinfín de ciudades en nombre de Dios y con su protección y connivencia. Al final, Caín, provisto siempre de un pragmatismo inenarrable, dice:
Me voy, ya no soporto ver tantos muertos a mi alrededor, tanta sangre derramada, tanto llanto y tantos gritos, devuélvanme mi burro, lo necesito para el camino.
Nota: Los sustantivos propios aparecen en este libro en minúscula.
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El que haya leído algunos de sus libros quizás recuerde que la mayoría están dedicados a Pilar. He visto esta película, fragmentos recopilados de distintos momentos que pasó con ella, una periodista española con la que compartió las últimas décadas de su vida. Su compañera, su pilar (dice en alguna dedicatoria) y su amor, a ella debemos las traducciones al español de casi la totalidad de la obra de José Saramago.

.El film fue grabado cuando él ya estaba enfermo y temía no llegar a terminar El viaje del elefante. Por suerte tuvo tiempo para finalizarla e, incluso, para escribir una más, la última: Caín.




viernes, 5 de noviembre de 2010

Las pequeñas memorias, José Saramago

    Si quieren conocer cómo eran los tiempos de antes, y cómo se las arreglaban las familias de escasos recursos que vivían tanto en el campo en una pequeña choza de adobe y paja así como, en zona urbana, rentando habitaciones "con derecho a cocina" o compartiendo vivienda y gastos con otras familias, lean estas memorias.
    No es una sucesión cronológica de hechos, es más bien un fluir espontáneo de recuerdos de la infancia y de la adolescencia, de allí el título de pequeñas memorias. ....Las evocaciones se hilvanan en desorden, emanan desde el capricho de la mente, eso que nos da por recordar esto o lo otro de manera arbitraria. Va para atrás y para adelante en el tiempo sin el menor problema.
    Como es una obra autobiográfica, carece del alto vuelo imaginativo que tienen sus otras novelas, pues aquí se ve limitado por los hechos y lo que de ellos recuerda. Diría que es un libro recomendadísimo para quienes tengan entre sus escritores preferidos a José de Sousa, que este es el verdadero nombre del autor, a quién un empleado del registro civil, algo borracho a la hora de anotar al niño, le adjuntó detrás del apellido real el apodo por el cual se conocía a la familia en la aldea: Saramago (en español Jaramago) bautizándolo para siempre con el que sería, más adelante, un prestigioso nombre literario.
    Creció en una familia de bajos recursos, padre policía y madre ama de casa. Su único hermano, Francisco, murió a la edad de cuatro años, víctima de una enfermedad infantil. Su niñez y parte de su adolescencia es la historia de traslados constantes de una casa a otra, un promedio de una mudanza al año.
    Se inicia en la religión porque en uno de los cambios domiciliarios les toca compartir techo y gastos con una familia en cuyo seno vivía una mujer que le sugirió a la madre de Saramago que ya era hora de que el niño haga su comunión. Así la describe Saramago a su madre ante la sugerencia de la vecina: escéptica por indiferencia. Así es, su madre, escéptica por indiferencia, le dice que sí, que le da permiso para que lleve al chico a adoctrinar.
    A los abuelos paternos los describe como fríos y vacíos de afecto. El verdadero solaz donde este niño va a disfrutar algunas temporadas es a la casa de sus abuelos, perdida en el campo. Una vivienda precaria, sin ventanas, de adobe y paja, donde todo es sinceridad y nada se oculta, donde el niño aprende las tareas del campo y la sencillez y humildad del carácter de sus abuelos.
    "...en una época como esta nuestra en que a los cinco o seis años, cualquier niño del mundo civilizado, incluso sedentario e indolente, ya ha viajado a Marte para pulverizar a cuantos hombrecitos verdes le salieran al paso* [...] Al lado de tan superiores hazañas el muchachito de Azinhaga sólo podría presentar su ascensión a la punta extrema del fresno de veinte metros [...] Poca cosa, es verdad, pero me parece más que probable que el heroico vencedor del tiranosaurio ni siquiera sería capaz de atrapar una lagartija con la mano."
    Habla de su temor a los perros, iniciado durante su niñez a raíz de una confrontación al penetrar el pasillo de la dependencia, un edificio re- alquilado entre muchas familias.
    Una de sus pesadillas recurrentes:
.......me veía encerrado en una habitación de forma triangular donde no había muebles, ni puertas, ni ventanas, y en un rincón cualquier cosa (lo digo así porque nunca conseguí saber de qué se trataba) que poco a poco iba aumentando de tamaño mientras sonaba una música, siempre la misma, y todo aquello crecía y crecía hasta arrinconarme en la última esquina, donde por fin despertaba.
    Las anécdotas van de lo gracioso a lo tragi-cómico, pasando por lo desconcertante.
.    "...la bofetada era un instrumento indispensable en los métodos educativos vigentes [...] la aciaga palabra era acelga, que él pronunciaba acega. Bramaba el tío: ¡Acelga, so bruto, acelga!, y Leandro ya a la espera del sopapo, repetía: Acega. Ni la agresividad de uno, ni la angustia del otro merecían la pena, el pobre chiquillo, aunque lo mataran, diría siempre acega. Leandro, claro está, era disléxico"
    Este episodio del que pego a continuación un fragmentito me gustó en particular, porque la verdad, cuando oigo decir a alguien eso de que en mis tiempos no pasaba refiriéndose a una cosa tenida por indecente siempre medito ¿no pasaba o pasaba a ocultas? Mi abuela lo decía con más precisión, porque ella decía esto en mis tiempos no se oía. Y sí, se ocultaba, qué se va a oír . Aquí Saramago con su delicada ironía final, me hace pensar que ando en lo cierto:
    "También fue en la calle Padre Sena Freitas donde dormí (o no dormí) parte de una noche con una prima [...] acostados en la misma cama, ella de la cabecera a los pies, yo de los pies a la cabecera. Precaución inútil de las ingenuas madres [...] dimos comienzo a una minuciosa y mutua exploración táctil de nuestros cuerpos [...] Fingíamos dormir como angelitos cuando, iba ya la noche bien entrada, la tía María Mogas vino a recogernos a la cama para regresar a casa. Aquellos sí eran tiempos de inocencia."
    Aquí se resume una duda que solemos tener las personas respecto de los recuerdos, sobre todos los más antiguos, aquellos que vienen de la infancia:
    "A veces me pregunto si ciertos recuerdos son realmente míos, si no serán otra cosa que memorias ajenas de episodios de los que fui actor inconsciente y de los que más tarde tuve conocimiento porque me los narraron personas que sí estuvieron presenten, si es que no hablaban, también ellas, por haberlas oído contar a otras personas."
    Primer libro que lee José Saramago: A Toutinegra do Moinho, de Émile Richebourg.
....Hay nostalgia a la hora de plasmar muchas líneas, el lector puede percibir esto como un ligero temblor de dubitación, como una añoranza, como la nostalgia del paraíso perdido o a punto de perder. Frecuentemente hay una afirmación que se repite casi obsesiva, yo te recuerdo, yo la recuerdo, yo los recuerdo, que creo parten de la certeza de que esas imágenes, esos recuerdos, esos hechos, están grabados en la cabeza del autor y de nadie más y que, al morir, desparecerán con él. Vean esto, me conmovieron estas líneas:
    "Tú estabas, abuela, sentada en la puerta de tu casa, abierta ante la noche estrellada e inmensa, ante el cielo del que nada sabías y por donde nunca viajarías, ante el silencio de los campos y de los árboles encantados, y dijiste con la serenidad de tus noventa años y el fuego de una adolescencia nunca perdida: El mundo es tan bonito y yo tengo tanta pena de morir. Así mismo. Yo estaba ahí."
    Escenas de la vida cotidiana en casa de los abuelos maternos:
    "Entre los lechoncitos acabados de nacer aparecía de vez en cuando uno que otro más débil que inevitablemente sufriría con el frío de la noche, sobre todo si era invierno, y podría serle fatal. [...] Todas las noches mi abuelo y mi abuela iban a las pocilgas a buscar los tres o cuatro lechones más débiles, les limpiaban las patas y los acostaban en su propia cama. Ahí dormían juntos, las mismas mantas que cubrían a los humanos, cubrían a los animales, mi abuela de un lado de la cama, mi abuelo del otro y, entre ellos, tres o cuatro cochinillos que creerían que estaban en el reino de los cielos..."
    El inquietante caso de la tía Emídia, persona de edad, que había venido a casa de los Saramago por unos días y vendía golosinas en un puestito en la calle. Una mujer a la que le gustaba el alcohol:
    "Un día las mujeres de la casa la encontraron tendida en el suelo de su habitación, con las piernas abiertas y las sayas levantadas, cantando no me acuerdo qué, mientras se masturbaba. Yo también acudí a curiosear, pero las mujeres formaban una barrera y apenas pude percibir lo esencial... Debía de tener unos nueve años, no más."
    Al final del libro hay fotografías explicadas de puño y letra por José Saramago. Contaba con pocas imágenes de su niñez y de su juventud, razón por la que si se busca en google imágenes de dicho escritor, solo aparecen las que lo muestran de edad avanzada. Las pocas que hay de etapas más tempranas de su vida, las adosó a sus Pequeñas memorias. Resalta la adoración que sentía por su madre y por sus abuelos maternos.
    En aquellos tiempos esto tampoco pasaba. Pero pasó:
    "Yo tendría, creo, entre los dos y tres años. Un poco alejado de la casa (todavía estábamos viviendo en la calle E), había un montículo de caliza abandonado de alguna obra. A la fuerza (mi débil resistencia de nada podía servirme), tres o cuatro niños ya crecidos me llevaron hasta allí [...] me bajaron los pantalones y los calzoncillos y, mientras unos me sujetaban los brazos y las piernas, otro comenzó a introducirme un alambre en la uretra.[...] Tal vez la sangre abundante que comenzó a salir de mi pequeño y martirizado pene me salvara de lo peor. Los mozalbetes se asustaron, o tal vez pensaron que ya se habían divertido lo suficiente, y huyeron."
    .Finalmente, queda por decir que muchas de las personas que se ven fugazmente esbozadas en este libro dejaron una huella profunda en el niño o jovencito que en ese tiempo era el autor, y determinaron aficiones, oficios, inquietudes, modos de ver, de sentir y de pensar que se pueden rastrear, aunque levemente, en sus novelas ficcionales.

*Se refiere al mundo virtual, a los videogames.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Las intermitencias de la muerte, José Saramago


    De repente en el país (un país sin nombre, porque puede ser cualquier país) la muerte cesa su actividad. Nadie muere. Lo que al comienzo es motivo de alegría y jolgorio, no tarda en mostrar su lado menos amable. Todos aquellos negocios que lucran de la muerte (seguros de vida, empresas funerarias, etc.) caen en bancarrota. Crece la población, en demasía. Los agonizantes no tienen cómo escapar de su agonía perpetua. A este tipo de pacientes se les da un diagnóstico: muerte parada. En los hogares de la tercera edad los ancianos se hacinan en condiciones deplorables. 
    Diálogo telefónico entre el primer ministro y el cardenal:   
    "Cardenal: Sin muerte, óigame bien, señor primer ministro, sin muerte no hay resurrección, y sin resurrección no hay iglesia [...] cómo se le metió en la cabeza que dios podía querer su propio fin, es una idea absolutamente sacrílega 
    Ministro: Eminencia, por favor, créame, fue una simple frase de efecto, destinada a impresionar, un remate de discurso [...] sabe que la política tiene esas necesidades. 
    Cardenal: También la iglesia las tiene, señor primer ministro, pero nosotros meditamos mucho antes de abrir la boca, no hablamos por hablar, calculamos los efectos a distancia, nuestra especialidad, si quiere que le dé una imagen que se comprenda mejor, es la balística. [...] 
    Ministro: Qué hará la iglesia si nunca más muere nadie. 
    Cardenal: La iglesia, señor primer ministro, está de tal manera habituada a las respuestas eternas que no puedo imaginarla dando otras 
    Ministro: Aunque la realidad la contradiga 
   Cardenal: Desde el principio no hemos hecho otra cosa que contradecir la realidad, y aquí estamos ....Ministro: Qué dirá el papa
    Cardenal: Si yo lo fuera mandaría poner en circulación una nueva tesis, la de la muerte pospuesta. ....Ministro: Sin más explicaciones.
    Cardenal: A la iglesia nunca se le ha pedido que explicara esto o aquello, nuestra otra especialidad, además de la balística, ha sido neutralizar, por la fe, el espíritu curioso. "
    Pronto una familia doblemente afectada por la huelga de la muerte (con abuelo y nieto en condiciones de muerte parada) toma una iniciativa que sienta precedentes: en un acto caritativo, lleva a sus infelices moribundos a cruzar la frontera. Pues el desempeño de la muerte sólo se ve afectado dentro del perímetro del país. 
    Esta acción desata una seguidilla de casos en los que las familias llevan a sus enfermos terminales con muerte parada afuera de la frontera para que puedan expirar, dejar de sufrir. Una mafia de traficantes de pacientes no tarda en aparecer y sacar provecho de la situación. 
    Los problemas entre los países a causa de este entierro clandestino de muertos ajenos se convierte en un conflicto político. Los dilemas no pueden ser solucionados bajo amenaza de muerte, pues ésta última ya no existe. El chantaje aqui deviene en la amenaza de un coma permanente.
    El resultado final es que a todos les conviene que la muerte regrese (enfermos, ancianos, comerciantes, filósofos, políticos, Iglesia, etc). Hasta que ésta, finalmente, manda una carta anunciando su regreso.
    Las pesquisas para dar con la muerte, (que es en minúscula, como ella misma se hace llamar en la misiva), para hallar su paradero, para dar con ella, están contadas con un toque de comicidad.
    La humanidad sigue enojada con la muerte a pesar de su regreso o por su regreso, pero más que nada, porque ha cambiado su modus operandi. Intentado ser más humana, la dichosa muerte ha implementado un método de aviso. Manda una carta en sobre violeta a los que serán privados de la vida con ocho días de anticipación para que tengan tiempo de hacer sus trámites terrestres y de despedirse de sus seres queridos. Pero esto no hace más que causar pánico y sumir a la población en un estado de paranoia continua. 
    Cuál no será el asombro que sufrirá esta entidad llamada muerte cuando, una de las cartas de aviso anticipado, le venga devuelta una y otra vez. La crisis existencial que atraviesa la pobre muerte, por ratos humanizada, está trabajada con excelencia filosófica. 
    "...podemos sacar una idea del esfuerzo hercúleo que la muerte tuvo que hacer en las escasas veces que, por esta o aquella razón, a lo largo de nuestra historia común, necesitó rebajar su capacidad de perspectiva a la altura de los seres humanos, es decir, ver cada cosa de una vez, estar en cada momento en un solo lugar [...] .
    Cada paso que va dando, si le llamamos paso es para ayudar a la imaginación de quien nos lea, no porque ella efectivamente se mueva como si dispusiese de piernas y pies, la muerte tiene que pelear mucho para reprimir la tendencia expansiva que es inherente a su naturaleza, y que, dejada en libertad, enseguida haría estallar y dispersaría en el espacio la precaria e inestable unidad que es la suya..."
    Saramago nos hace partícipes de su escritura mediante una estrategia de apelación directa al lector. Es un guiño cómplice, un metalenguaje que nos sitúa en el mismo plano del proceso escriturario. Nos cuestiona acerca de qué nos parece si tal personaje hace esto o lo otro, aunque quizás sea mejor esto otro. Incluso consulta al hipotético lector sobre la conveniencia de utilizar un término, o la verosimilitud que se sacrifica al usar otro. Su novela está construida dejando ver los hilos de su procedimiento, sabiéndose novela, ficción, y, no obstante, convenciéndonos hábilmente del estado de cosas que se presentan en ella. 
    Se me ocurre comparar (y poner como ejemplo) estos dos episodios, el primero tomado de El evangelio según Jesucristo (soldados con orden de Herodes) Soldado 1Y se sabe por qué nos mandan a matar a todos los niños Soldado 2 El jefe no me lo ha dicho, creo que ni él mismo lo sabe, es orden del rey, y basta Soldado 1 Mira que somos desgraciados los de nuestro oficio, como si no nos bastara con practicar lo malo que la naturaleza nos dio, tenemos encima que ser brazo de la maldad de otros y su poder 
    (...) sea lícito dudar de la autenticidad de la filosófica reflexión, tanto en el fondo como en la forma, teniendo la más que obvia contradicción entre la notable propiedad de los conceptos y la ínfima condición social de quien los había pronunciado. El segundo, de Las intermitencias de la muerte:
    "Qué dirán los vecinos, preguntó, cuando descubran que ya no están aquí aquellos que, sin morir, a la muerte estaban."  
    En general la tía soltera no habla de una manera tan preciosista, tan rebuscada, y si lo ha hecho ahora era para no estallar en lágrimas... 
    El lenguaje que utiliza, (ante el cual admite que hay lectores acusándolo de salpicar de moho el texto) abundante en arcaísmos, no deja de ser novedoso para el lector contemporáneo, pues al haber caído en desuso los términos rescatados vienen, más que a enmohecer, a renovar (aunque parezca paradójico) el lenguaje. Lo obsoleto, lo que ya no se oye ni se lee, resulta innovador, a salvo de tropezar en lugares comunes y, teniendo en cuenta la riqueza de vocabulario del escritor en cuestión, le da realce y diversidad a la trama.     
    Es una novela que nos abre a la imaginación, nos fuerza a figurarnos un mundo en el que la muerte es una entidad con razonamiento similar al humano o que, a fuerza de frecuentarlo, termina adoptando juicios parecidos.
    Creo que para el único lector para el cual la lectura de esta obra (asi como cualquier otra obra del mismo autor) estaría contraindicada es para aquel religioso irreflexivo, que ve en el sentido crítico y en la lectura comprensiva de los libros santos un ataque a la religión, cuando no, una blasfemia contra Dios. A nadie se le ocurriría absolver a Caín de haber matado a su hermano, por ejemplo. Pero tampoco a ningún lector hábil y asiduo se le escapará la cuota de responsabilidad que tuvo Dios en ello (porque se dice que la Biblia es la palabra del mismo Dios), al mirar con mejores ojos la ofrenda de ganado que hizo Abel que la ofrenda de frutos de la tierra, que hizo Caín. A partir de este juicio de valor divino se puede deducir, creo yo, el tipo de preferencia del dios cristiano.
    A este tipo de lector que describí arriba le podría resultar fastidiosa esta novela. Para los demás es como agua fresca. 
    El resto de lo que ocurre en el argumento lo dejo al descubrimiento del lector. Las peripecias de la muerte, sus intermitencias, tienen razones de ser.
Saramago leía el libro Los cuadernos de Malta Laurids Brigge, de Rainer María Rilker, cuando le surgió la idea de escribir esta novela sobre el tema más trascendental de la vida: la muerte. ~ Saramago, una mirada triste y lúcida, Andrés Sorel

viernes, 30 de julio de 2010

El evangelio según Jesucristo, José Saramago


    Magnífica novela de José Saramago. Publicada en 1991 le trajo no pocos conflictos. De narrativa fluida, como es característica de su producción literaria, atrapa de principio a fin. Saramago hace uso de su creatividad para reconstruir un pasado que nos llega incierto desde la historia, certero desde la religión, si decidimos darle crédito sin más. Pocos se aventuran a imaginarlo tal como pudo haber sido, allí, en las raíces de la religión misma, en sus inicios, situado en un contexto más o menos conocido si miramos los hechos históricos y datos mas o menos fidedignos de la vida social, del contexto en que vivió y murió Jesús de Nazaret. El escritor se plantea una hipótesis, lo que pudo haber sido, y lo hace suceder, nos pone en escena una familia típica del lugar y el tiempo que ocupan, con sus virtudes y sus deficiencias, sus sabidurías e ignorancias, un entorno sin duda misógino, en el que la mujer era más una marioneta del demonio que un ser a quien se pueda amar y con quien se pueda conversar. 
    "María se iba dando cuenta de que había cosas que no podía preguntar, se trata de un método antiguo de las mujeres perfeccionado a lo largo de siglos y milenios de práctica, cuando no las autorizan a preguntar, escuchan y al poco tiempo lo saben todo, llegando incluso a lo que es el súmun de la sabiduría, a distinguir lo falso de lo verdadero" 
    Arrasa con todo tipo de complacencias que podamos esgrimir en defensa de ese pasado que, sin conocerlo, elevamos a categoría sublime; nos pone de manifiesto humanos, no santos, movidos por cosas mundanas, por intereses y miedos, pero, y sobre todo, por prejuicios y ciegas creencias. Sin duda Jesús es un ser iluminado, no tanto por la inteligencia, que el mismo relator omnisciente se encarga de desmentir, sino por una consciencia de diversidad y una empatía inigualables, que lo lleva a apiadarse del cordero en lugar de sacrificarlo en el Templo que Herodes construyó para adoración de Dios y en el que, a diario, se sacrifican centenares de animales. 
    "...la atmósfera está cargada de humos de leña y de los cuerpos quemados, de vapor de sangre y de sudor, un alma cualquiera, que ni santa tendría que ser, simplemente de las vulgares, tendrá dificultades para entender que Dios se sienta feliz en esta carnicería "
    Pero desde el inicio ya, el enfoque plantea a un José que engendra en María un hijo, de la forma que todos sabemos, que, aunque luego dirá Dios al propio Jesús que es su padre porque en el esperma de José ha mezclado el suyo propio, esto no implicará la virginidad de la madre, la cual, además, engendrará más hijos, hermanos y hermanas de Jesús todos ellos. Un tema importante y transversal en toda la obra es el sentimiento de culpa, el remordimiento por los pecados que, para peor, se heredan de padre a hijo. Este es el caso de Jesús, quien hereda del padre mundano, José, la pesadilla que por las noches lo importunara. Y esta pesadilla no es más que el remordimiento por no haber dado voz de alerta a las familias de Belén cuando se entera de que los romanos vendrán a liquidar las criaturas menores de tres años y, en vez, ocuparse sólo de salvar a su hijo.
    Traumática, magistralmente contada, la incursión de José a Séforis en busca de ese vecino amigo, quien se uniera al ejército de Judas de Galilea (que no es Judas Iscariote, amerita la aclaración), un revolucionario que luchaba contra la ocupación romana. De la que puedo citar cierta frase inquietante, y no decir más nada, por guardar un poco de misterio para el potencial lector: 
    "Dios no perdona los pecados que manda cometer "
    En la sinagoga (quien haya leído a J. Saramago sabrá que sus diálogos carecen de guión, apenas separados por comas y mayúsculas, y que las preguntas se infieren, pues no llevan signos interrogativos) La pregunta es del sacerdote, ante una afirmación absurda (no tan absurda) de Jesús: 
    "Y por qué crees tú que Dios es un ojo y una oreja, y no dos ojos y dos orejas como tú y como yo, Para que un ojo no pudiera engañar al otro ojo, y una oreja a la otra oreja." 
    La relación de Jesús con María de Magdala es de amor, aunque jamás se casan, y esto viene a dar testimonio de las actitudes poco convencionales del Mesías, quien se junta con una mujer que ejerció toda su vida la prostitución; además, confía más en ella que en cualquier otra persona, y es ella quien sabe todos sus secretos, no así los discípulos. Es una relación de intimidad que se opone a las pautas de buenas costumbres, que manda ignorar a las mujeres, no hablarles y relegarlas de todo y para todo. 
    Pero resulta que la oveja que no sacrifica en el templo luego es exigida por el propio Dios, cuando, en el medio del desierto, y estando Jesús desnudo (véase esta desnudez como un signo, si no de rebeldía, al menos de osadía, dados los rigurosos estatutos acerca de la desnudez, ya sea propia o ajena) el Dios mismo baja en forma de nube y le pide sacrificar a su oveja: 
    La oveja no soltó ni un balido, sólo se oyó Aaaah, era Dios suspirando de satisfacción 
    Y luego pregunta Jesús a Dios, en referencia al pastor que le enseña el oficio: ....El que anda conmigo, Qué, Es un ángel o un demonio, Es alguien a quien yo conozco, Pero dime es ángel o demonio, Ya te lo he dicho, para Dios no hay adelante ni atrás.
    Pero este pastor ( que se presume un ángel), reacciona bastante mal al enterarse del sacrificio de la oveja:
    No has aprendido nada, vete, dijo Pastor y quizás quisiese decir que no aprendió a defender la vida 
    Sin duda alguna, la cuestión central del libro, la que predomina, aquello que es lanzado como una pavorosa exclamación paradojal es la contraposición del libre albedrío y la defendida tesis de la voluntad divina que rige sobre todo hecho y cosa existente sobre la tierra, por nimia y pequeña que fuera. ....Jesús se opone a la voluntad divina, con todas sus fuerzas, trata de contrariar lo que se espera de él, porque sabe cuáles son las consecuencias;su padre, Dios le ha hecho una larga lista de muertos y calamidades que en todos los tiempos sobrevendrán en nombre de esa nueva religión. Y hablando con su padre que baja del cielo en forma de bruma, se entera de cuáles son sus intenciones: extender sus dominios haciendo uso de una religión más abarcativa: 
    Replica Jesús:
    "Pero con el poder que sólo tú tienes, sería mucho más fácil, y éticamente más limpio, que fueras tú mismo a la conquista de esos países y esa gente, No puede ser, lo impide el pacto que hay entre los dioses, ése, sí, inamovible, de nunca interferir directamente en los conflictos, me imaginas acaso en una plaza 
pública, rodeado de gentiles [romanos] y paganos intentando convencerlos de que el dios de ellos es un fraude y que el verdaderos Dios soy yo, esas no son cosas que un dios le haga a otro" 
    Y sigue refutando Jesús a Dios, en este diálogo que presencia el Diablo, porque también él es parte del plan divino (sin el mal no puede existir el bien, eso mismo alega Dios):
    "Los hombres siempre morirán por los dioses, hasta por falsos y mentirosos dioses, Pueden los dioses mentir, Pueden, Y tú, entre todos, eres el único y verdadero, Único y verdadero, sí, Y siendo único y verdadero, ni siquiera así puedes evitar que los hombres mueran por ti" Y dice el Diablo: 
    "Digo que nadie que esté en su perfecto juicio podrá afirmar que el Diablo fue, es o será culpable de tal matanza y de tales cementerios, salvo si algún malvado se le viene a la cabeza la ocurrencia calumniosa de atribuirme la responsabilidad de hacer nacer al dios que será enemigo de éste." 
    Responde Dios: 
"Me parece claro y obvio que no tienes la culpa, y en cuanto al temor de que te atribuyan la responsabilidad, responderás que el Diablo, siendo mentira, nunca podría crear la verdad que Dios es, Pero entonces, preguntó Pastor [el Diablo], quién va a crear al Dios enemigo. Jesús no sabía responder, Dios, si callado estaba, callado quedó, pero de la niebla bajó una voz que dijo: tal vez este Dios y el que va a venir no sean más que heterónimos" 
    Véase en esta última cita, no sólo la sugerencia de un politeísmo patente, si no la idea de un dios creado, o sería más adecuado decir, dioses creados, dioses que, como los humanos, tienen a su vez un dios del que sólo son heterónimos Y es interesante corroborar en la RAE este vocablo, porque no sólo quiere decir distintos nombres puestos a la misma cosa como yo tenía por bien, sino que, además, significa Heterónimo: cada uno de los vocablos que constituyen una heteronimia. Heteronimia: Fenómeno por el cual dos palabras que corresponden a dos términos gramaticales en oposición proceden de raíces diferentes; p. ej., toro-vaca. ¿Estaría este Dios compuesto, como sostienen algunas creencias, de lo bueno y lo malo? ¿O se trataría de un Dios con desorden de personalidades múltiples? La doble acepción del término permite la ambigüedad, quizás deliberada. ....Ahora bien, véase lo que, a continuación, pregunta una voz sorprendida por la afirmación: De qué, de quién [es decir, de qué o de quién es heterónimo] Y se le responde: De Persona*. Aquí, teniendo en cuenta que en la barca donde el diálogo tiene lugar hay tres entidades, una trinidad compuesta por Dios, el Diablo y Jesús, la persona entre ellos es el hombre y, su heterónimo, si no tenemos en cuenta la significación que lo equipara como seudónimo, si en vez tomamos en cuenta la otra, no hay duda de que estos son los heterónimos de la persona allí: Hombre/Mujer. Entonces, se entiende bien que este Dios nuevo no fuera inventado por nadie, porque ya existe, y es este otro género que el hombre reprime y deja fuera de los censos, de las decisiones políticas y religiosas (de cualquier decisión, en suma). 
    Tómese esto como interpretación mía.
    Y para finalizar, un fragmento notable por su ironía y humor, que no puedo dejar de transcribir: ....Dios discurre así, viendo ese futuro que le sucederá a la nueva religión iniciada por su hijo Jesús, ese futuro en que morirán muchos a causa del dogma: 
"...la tierra se llenará de gritos de dolor, de aullidos y de estertores de agonía, el humo de los quemados cubrirá el sol, su grasa rechinará sobre las brasas, el hedor repugnará y todo esto será por mi culpa." 
    Jesús corrige, irónico tal vez: No por tu culpa, por tu causa, padre, aparta de mí este cáliz 
    Sigue Dios: El que tú lo bebas es condición de mi poder y de tu gloria ....Jesús: No quiero esa gloria. 
    Dios: Pero yo quiero ese poder 
    Entonces el Diablo, que permanecía callado escuchando los pormenores del sangriento futuro, dijo: Es necesario ser Dios para que le guste tanto la sangre.     El Diablo intenta persuadir a Dios, pidiéndole disculpas por su soberbia, por haber caido en la tentación de querer parecerse a él, de que lo readmitiese en el cielo, de esta manera se ahorrarían millones de vidas. Pero es necesario el mal, para que el bien exista en contraste, y Dios no hace más que rechazar esta oferta, así como también desoir las negaciones de Jesús, que se opone al plan divino. 
    Lo recomiendo, es una obra hecha con pasión, con ingenio y con conocimientos históricos, bíblicos y demás, con citas propicias e intertextualidad. Novela es, ficción por lo tanto, no escandalizarse... 
    Lo he leído de la tirada que ha sacado La Nación, con editorial Alfaguara, a un precio muy conveniente para los que gusten de este escritor, ya que es una secuencia de veinte obras. Por mi parte, he leído La caverna y Ensayo sobre la ceguera, libros estos que me encantaron, y que acusan distintas temáticas, males sociales actuales. 

Para el que se lo pregunte: la imagen estampada en la primera hoja que sirve de inicio a la novela se llama Crucifixión, y es un grabado que pertenece al conocidísimo pintor alemán Alberto Durero. 
    *En portugués, la lengua en que está escrito el libro, dice: De Pessoa, y aquí es donde la interpretación cae en encrucijada, puesto que uno de los escritores admirados por Saramago apellidaba de esta manera y, además, tenía varios heterónimos.