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jueves, 1 de julio de 2010

El poder y la gloria, de Graham Greene

    Es una novela que cuestiona los valores de los individuos, las ideologías, la fe católica, los extremos. Ambientada en el México de los años veinte (más acertadamente a partir de 1926), logra acercarnos a aquella época de revueltas y censuras desde el interior contemplativo y desesperado de sus víctimas, pero sobre todo, desde la idiosincrasia de un sacerdote fugitivo que se empeña en persistir en una región sitiada por la milicia. Dicha milicia tiene como objetivo principal erradicar la religión del país, dando caza a todo aquél que no se avenga a las normas y destruyendo a las iglesias y a los símbolos del catolicismo, los cuales permanecen como ruinas, como tumbas saqueadas en el mejor de los casos. Vestigios de cruces de un cementerio olvidado quizás son algunas de las excepciones.
    Hay multas y cárcel para quien conserve estampitas o rosarios, o se persigne en público o haga alarde de cualquier otro signo religioso. Bajo el gobierno de P. Elías Calles la única alternativa que se le confiere a los sacerdotes es la del matrimonio, la renuncia al sacerdocio es por la fuerza. A quien se empeñe en la práctica clandestina de los sacramentos lo espera el fusilamiento. Esta feroz cacería ejecutó con indolencia a un sinnúmero de personas que, en su devoción, daban refugio en sus propias viviendas a los curas buscados por la ley o practicaban el culto a escondidas.
    Graham Greene nos presenta a un cura humano y débil como todos los hombres, perdido por el vicio del alcohol ya desde antes de la censura de culto. Aún así, es el único que decide quedarse en la región sin abandonar públicamente la investidura. Vaga de un pueblo a otro; en muchas ciudades no quieren recibirlo, pues los militares irrumpen violentamente en aquellas aldeas donde se rumorea el paso de un clérigo e incitan al pueblo a denunciarlo, si así no lo hacen, corren medidas drásticas sobre la población.
    Pero hay un sólo sujeto con intenciones de delatar al protagonista. En pocas aldeas lo evaden, la mayoría de ellas lo admiten, ávidas de misas y sacramentos.
    Dos cosas están prohibidas, la religión y el alcohol. Rige una estricta ley seca que, no obstante, se ve vulnerada por un contrabando que nace de los propios gobernantes. El Estado de Tabasco es el más prohibitivo y afectado. La violencia pulula en torno. Los Camisas Rojas están atentos a la caza, al igual que los pacientes gavilanes nombrados en toda la obra, animalitos que supongo son figura alegórica de la muerte. .....Se pueden consultar como precedentes, las leyes de reforma promulgadas por presidentes anteriores a Calles. Si bien muchas de las cuales son justas y necesarias, forman parte de un proceso de laicización que traspuso los límites y los derechos que intentaba proteger al afirmar la libertad de culto*
    Aborda la crisis ética, religiosa, psicológica y social con intensidad y mordacidad, desde una óptica existencialista (y religiosa), contraponiendo posturas y falsas devociones. Se plantea el conflicto del hombre entre el Bien y el Mal, la artificiosa charlatanería y lo que subyace.
    .El sacerdote en cuestión no es un héroe redentor que se ha quedado en el sitio prohibido por piedad de la gente, sino, como él mismo lo reconoce, un orgulloso que no quiso dar el brazo a torcer, por vanidad.
    Esto es orgullo, un orgullo diabólico, quedarse allí ofreciendo la camisa al hombre que iba a delatarlo. Hasta sus tentativas de huída habían sido ineficaces por culpa del orgullo: el pecado que perdió a los ángeles.
.....Aún así, hay cierto martirio en él, pues se achaca ese orgullo constantemente y se culpa del vicio del alcohol que no puede abolir. Ha tenido una hija que le preocupa, pues la niña se muestra poco inocente para la edad y él solo la ve de tanto en tanto.
    Descubrió en la niña una mirada que lo atemorizó; volvía a aparecer en ellos la mujer madura, una mujer que sabía demasiado, que preparaba sus planes. (...)Trató de establecer algún contacto con la niña y eludir a la mujer; le dijo:
     _Queridita, dime ¿a qué te gusta jugar?
La criatura se rió burlonamente.
(...)
    _¿Tienes amiguitos?
    La criatura volvió a reirse, maliciosamente. Su cuerpo de siete años era como el de un enano; ocultaba una horrible madurez.
    Se muestran niños desprovistos de niñez, empujados a tomar decisiones de adultos, obligados a echarse a la espalda el fardo de las obligaciones de sus mayores. Es el caso de Coral Felows:
    Era muy joven, tenía más o menos trece años, y a esa edad uno no tiene miedo de muchas cosas, de la edad y de la muerte, de todo lo que puede ocurrir, mordedura de víboras y fiebres y ratas y mal aliento. La vida todavía no la había atacado; tenía un aire falso de inexpugnabilidad. (...)
    Era tan inflexible como el teniente; pequeña, oscura y fuera de lugar entre los bananos. Su candor no hacía concesiones a nadie; el futuro, lleno de compromisos, ansiedades y vergüenza.
    En suma, la novela expone dos puntos de vista encontrados: los del teniente y los del sacerdote. Dos maneras distintas de pretender hacer el bien, pues ambos buscan el bien, pero por distintos medios y tomado el bien con distinto concepto.
    ._Nosotros también tenemos ideas-decía el teniente-. Basta de dinero para oraciones, basta de dinero para construir lugares de oración. En su lugar, daremos al pueblo alimentos, les enseñaremos a leer, les proporcionaremos libros. Procuraremos que no padezca.
    En otro capítulo
    Dijo el cura:
    ._Usted conoce mejor que nadie a la gente de aquí. Si les dejo un regalo ¿me promete gastarlo en cosas que no sean dañosas, en alimentos, en frazadas y no en libros?
    Una novela que atestigua los inicios de la Guerra Cristera; sin pretensiones en su forma, pero con un contenido reflexivo, psicológico, de mucha crudeza, que en nada se parece a la prosa ocurrente y hasta cómica que descubrí en Viajes con mi tía. El análisis psicológico que lleva me hizo recordar a Onetti, aunque este otro es bastante más pesimista y exhibe un lenguaje algo más lírico y trabajado.
    Hay que escuchar las dos campanas, dicen. Esta tañe en favor de la religión.
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* Leyes de reforma
Ley Juárez:de 1855 suprimia los fueros del clero y del ejercito y declaraba a todos los ciudadanos iguales ante la ley, promulgada por Benito Juárez
Ley Lerdo: De 1856, obligaba a las corporaciones civiles y eclesiáticas a vender casas y terrenos que no estuvieran ocupando a quienes arrendaban para que esos bienes produjeran mayores riquezas, promulgada por Lerdo de Tejada
Ley Iglesias:De 1857 Prohibió el cobro de derechos y obvenciones parroquiales, el diezmo, promulgada por Iglesias En 1859, Juárez promulgó las siguientes reformas:
Ley de la nacionalización de los bienes eclesiásticos: Esta ley complementa la Ley Lerdo de desamortización de los bienes de la iglesia, con un cambio importante: los bienes ya no pasaban a manos de los rentistas (1859).
Ley del matrimonio civil: Establece que el matrimonio religioso no tiene validez oficial y establece el matrimonio como un contrato civil con el Estado (1859).
Ley orgánica del registro civil: se declararon los nacimientos y defunciones como un contrato civil con el Estado (1859).
Ley de exclaustración de monjas y frailes: Se prohibió la existencia de claustros o conventos, y se decretó la salida de las religiosas y religiosos que ahí vivían.
Ley de libertad de Cultos: Esta ley permitió que cada persona fuera libre de practicar y elegir el culto que desee. Esta ley también prohibió la realización de ceremonias fuera de las iglesias o templos.