Se trata de un cuento que se compone de nueve enrevesadas cartas. Lo que en ellas no se dice (porque es de común conocimiento de los amigos que se cartean) genera un hueco en el relato. Si bien la narrativa es de corte realista, lo implícito (y cierta reticencia a hablar claramente, quizás por decoro) hace que no se sepa qué diablos está pasando, a eso agréguese que cada participante conoce de manera individual cosas que el otro ignora.
....Genera desconcierto llegar al final de la cómica correspondencia y tener que retroceder para poder captar, por fin... ¿ y lo habré captado bien?
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Son textos que exigen una ardua participación lectora, un seguimiento minucioso y un atento escrutinio de los más insignificantes detalles. Desentrañar el contenido, despejar X, requiere a veces más de una lectura. Me parecieron cuentos ocurrentes y lúdicos, que apelan a la intervención del que lee para la construcción del sentido. Buenas alternativas para la ejercitación del cerebro.
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Sobremesa
Julio Cortázar
Este otro se desarrolla en cinco cartas. Es de extensión menor y de corte fantástico. Al igual que en el de Dostoievski, los amigos van agriando su trato, que comienza muy caballeroso y cortés, a medida que intercambian correspondencia. Hay algo que sucede, sucedió o está por suceder que mantiene en ascuas al lector demandándole cierto esfuerzo interpretativo. O quizás uno de ellos miente.
....La metafísica está presente. El sentido un poco trastocado del tiempo ya viene advirtiéndose en el epígrafe: El tiempo, un niño que juega y mueve los peones. Heráclito
