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Sugerencia de la semana: Noche en el hotel, Slawomir Mrozek (microcuento)
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miércoles, 6 de julio de 2011

Fahrenheit 451, Ray Bradbury

Este es un libro que tenía pendiente, me lo recomendaron diferentes personas, en distintas ocasiones. Valió la pena y me resultó sorprendente, sobre todo porque, escrito en 1958, ha sido capaz de antelar ciertos avances tecnológicos (impensables para su tiempo) y, lo que es más inquietante, las consecuencias sociales y las características psicológicas que este ambiente traería aparejadas.
Los personajes que merodean en esta novela son incapaces de comunicarse, por exceso de comunicación. La superficialidad de los diálogos, el desinterés, la apatía y un severo déficit de memoria y de concentración azotan a la población. Sin embargo, esto es lo deseable, pues la finalidad última es la felicidad, y, para que ella exista, lo conveniente es arrasar con todo tipo de cuestionamientos que traerían la certeza del sufrimiento de los oprimidos o que, en última instancia, provocarían el fantasma de la duda. Nadie debe preocuparse por nada, ni por nadie. La epígrafe que antecede al libro dice:
Fahrenheit 451... temperatura a la que se enciende el papel... y arde.
Pues de eso se trata. En este mundo del futuro los libros están prohibidos, y los bomberos existen para quemarlos. El diseño de las nuevas casas las hace resistentes al fuego, por lo tanto, ya no se precisa de alguien que los apague, sino de alguien que los encienda para tranquilidad de la población.
-¿Es verdad que hace muchos años los bomberos apagaban el fuego en vez de encenderlo? -No, las casas siempre fueron incombustibles. -Qué raro, oí decir que hace muchos años las casas se quemaban a veces por accidente y llamaban a los bomberos para parar las llamas.
Pero la felicidad es apenas una ilusión, una fantasmagoría surgida de las vidas sedentarias, vacías y obnubiladas de la gente, existencias condicionadas por el olvido continuo, la dependencia tecnológica, la frialdad emocional, la insensibilidad y una incapacidad insalvable para formar vínculos verdaderos. Las relaciones sociales son reducidas a una especie de contacto virtual y los objetivos de las personas no van más allá de la obtención del placer inmediato. Hay que llenar con algo el hueco que deja una existencia carente de todo lo que pudiera ser trascendental: ése es el punto en donde cala la diversión. El entretenimiento es el opio. Los programas televisivos, la intimidad acechada por un montón de cámaras, el olvido y la frivolización de cualquier asunto son moneda corriente. La intromisión de la publicidad en todos lados y el consumo en su máximo grado son también caracteres recurrentes.
-La gente no habla de nada. -Oh, tiene que hablar de algo. -No, no, de nada. Citan automóviles, ropas, piscinas, y dicen ¡qué bien! Pero siempre repiten lo mismo, y nadie dice nada diferente, y la mayor parte del tiempo, en los cafés, hacen funcionar los gramófonos automáticos de chistes, y escuchan chistes viejos, o encienden la pared musical y las formas coloreadas se mueven para arriba y para abajo, pero son sólo figuras de color, abstractas. ¿Ha estado en los museos? Mi tío dice que antes era distinto. Hace mucho tiempo, los cuadros decían cosas, y hasta representaban gente.
Esta joven, de extraordinaria actitud pensante, que dice que la gente no habla de nada es Clarisse, una adolescente cuyo encuentro fortuito con el personaje principal, el bombero Montag, será determinante en la historia, ya que lo ayudará a despertar del letargo. Pronto Montag también lo notará:
¡Y los tíos, las tías, los primos, los sobrinos que vivían en ese muro, el farfullante hato de monos que no decían nada, nada, y a los gritos, a los gritos!
Hay una pequeña resistencia, claro, ex-catedráticos, intelectuales, etc. que se esconden de las autoridades en las afueras de la ciudad y que viven marginales. Algunos filósofos, profesores, se refugian en las oxidadas vías del tren, son gente que memoriza libros para conservarlos en la memoria y transmitirlos oralmente a otros recipientes, a otras personas que puedan oficiar de rescatistas. 
Pronto Montag se enfrenta a una denuncia y encuentra que la persona dueña de los libros no quiere abandonar su casa para que los bomberos hagan su trabajo. Este episodio, y la manera en que se desenlaza, termina de desestabilizar la ciega fe con la que ejerce su oficio. El jefe de bomberos se verá en la necesidad de explicarle, de contestar a sus peligrosas preguntas. Esto es parte de lo que le dice:
-Los clásicos reducidos a audiciones de radio de cinco minutos [...] Los diccionarios eran obras de consulta. [...] Ahora usted puede leer todos los clásicos. Lúzcase en sociedad. ¿Comprendes? Del jardín de infantes al colegio, y vuelta al jardín de infantes. Ése ha sido el desarrollo espiritual del hombre durante los últimos cinco siglos. Cámara rápida, Montag - continuó -. Rápida. Clic, pic, ya, sí, no, más, bien, mal, qué, quién, eh, uh, ah, pim, pam, pum. Resúmenes, resúmenes, resúmenes. [...] La vida es lo inmediato, sólo el trabajo importa. ¿Por qué aprender algo salvo apretar botones, dar vuelta llaves, ajustar tornillos y tuercas?
*
-No comenzó con el gobierno. No hubo órdenes ni declaraciones, ni censura en un principio ¡no! La tecnología, la explotación en masa y la presión de las minorías provocó todo esto. [...] Un libro en manos de un vecino es un arma cargada.
Una buena parte de lo que el libro denuncia ya está pasando, y, a mi juicio, no pudo describirlo mejor el autor. Creo que peor que la censura efectiva, explícita y ordenada por el gobierno, es la que ejerce la sociedad mediante la indiferencia. Indiferencia. ¿Quién puede ser un buen consumidor y tener la consciencia limpia para consumir cada vez más si no está completamente alienado? ¿si no desconoce las implicancias de todo?

lunes, 14 de febrero de 2011

Remedio para melancólicos, Ray Bradbury

La imagen de portada puede prestarse a confusiones, pues no aparece ningún robot en este conjunto de cuentos y me pregunto para qué le estamparon uno. Sí, en cambio, hay mechados algunos relatos de ciencia ficción, entre una mayoría de fantásticos.
Son breves, impersonales, amenos, de lenguaje simple, para nada pretenciosos. Fluyen a un ritmo regular, sin estancarse en disquisiciones o apresurarse en vuelcos vertiginosos de trama. Los hay de humor, de picardía, de nostalgia, de equívocos y de amor. Todos ponen de manifiesto la gran capacidad imaginativa de este autor por crear situaciones absurdas o, por lo menos, poco comunes. Es sorprendente su habilidad para volver real y hasta táctil aquello que, de otra forma, quedaría relegado al plano de lo imaginario. Los relatos que bordean el tema del amor lo hacen sin empalagos y desde una perspectiva lúcida y desprovista de idealizaciones y de estereotipos. 
El título de la obra le hace justicia a los cuentos que contiene. Algunos incitan al lector a reir, otros a dudar, otros a imaginarse el futuro y otros abordan alguna determinada realidad humana desde un punto de vista filosófico, pero pragmático: poniendo el ejemplo de lo que sucede, graficando la consecuencia de la causa, examinando el resultado de eso que se deja transparentar o se menciona, sin entrar en tramos explicativos.
En una estación de buen tiempo: Un fanático del célebre Picasso se encuentra accidentalmente en una playa con el pintor. Este cuento, de alguna manera, expone la desesperación humana por capturar el tiempo y por preservar toda expresión artística, por más efímera que sea.
El dragón: Aquí hay un juego engañoso con el tiempo que, hacia el final del cuento, se descubre distinto del imaginado. Es un cuento con humor. 
Remedio para melancólicos: Una familia, desesperada por sanar a su hija de una enfermedad desconocida, decide sacar la cama con enferma y todo afuera, así todo el que pasa podrá opinar y recetar remedios que puedan ser la panacea. Una serie de graciosas peripecias se desarrollan a partir de ese hecho.
El fin del comienzo: Narra la expectativa de alcance espacial que tiene la humanidad a través de los padres de uno de los tripulantes de un cohete. Hay un planteo de renombramiento histórico.
Esta noche, pensó el hombre, aún cuando fracasemos esta primera vez, enviaremos una segunda y una tercera nave e iremos a todos los planetas. Esto, en realidad es el fin del comienzo, La Edad de Piedra, la Edad de Bronce, la Edad de Hierro; de ahora en adelante todas serán para nosotros el nombre único de un tiempo en que caminábamos por la tierra [...] La llamaremos, tal vez, la Era de la Tierra o la Era de la Gravedad [...] Por eso es tan terrible esta noche... Es el fin de la antigua gravedad del hombre. 
El maravilloso traje de helado de crema: Seis amigos hacen una vaquita para comprarse el traje por el cual deberán turnase. ....Ese traje que le pertenecía a todos, pero que también los contenía a todos. Ese traje que era... ¿qué? Un cortejo
Sueño de fiebre: Una curiosa historia en que un joven parece delirar cuando afirma que su mano ya no es la misma, que su cuerpo está cambiando, que algo ajeno lo sitia. Por la impotencia de la víctima, por el hecho tenebroso mismo y forma en que está narrado, podría clasificarse como cuento de terror. 
La componedora de matrimonios: Un matrimonio discute acerca de la vieja cama matrimonial, patrimonio de antiguos familiares. Él se niega a deshacerse y ella detesta la vieja cama, hasta que por fin, el mueble, muestra sus virtudes.
El pueblo donde no baja nadie: Una breve charla de pasajeros de tren, una incógnita: ¿cómo serán esos pequeños y aburridos pueblos en donde el tren nunca para? Uno de los pasajeros sucumbirá a la tentación de bajar a un pueblo de esos, donde se encontrará con un viejo en una desierta estación.
El aroma de la zarzaparrilla: Un anciano se mete a vivir al ático y pretende que ese lugar funciona como una máquina del tiempo, pues tantos son los trastos viejos que le traen recuerdos. Un buen día, el anciano desaparecerá. 
Ícaro Montgolfier Wrigth: Alguien que sueña consigo mismo, como desdoblado de sí mismo, despierta con datos de su existencia en eras pasadas. 
La peluca: Un hombre compra una peluca para esconder algo más que una calvicie: un hueco profundo, una secuela en el entrecejo, un tercer ojo delator. Hay un inquietante juego psicológico con los personajes en este relato. Algo que no termina de develarse, un lado oscuro delatado por el temor de la mujer hacia el personaje de la historia. 
Eran morenos y de ojos dorados: Es la historia de una metamorfosis ocurrida a una familia de terrestres que viven en Marte. Algo parecido al cuento "Sueño de fiebre". Está narrado con esa cuota de extrañamiento que asiste a las causas en las que sólo una persona se percata de un acontecimiento, mientras el resto parece tomarlo muy normalmente. La desesperación enterrada finalmente en la pasividad y en el olvido, esta descrita con mucha credibilidad. Es un olvido a causa de un recuerdo, el reemplazo de una memoria por otra. 
La sonrisa: Se hipotetiza un futuro en el que se desarrolla odio por la cultura y la civilización. En determinadas fechas, se expone una imagen pintada al público, para que éste pueda escupirla e insultarla. Resulta que la sonrisa en el retrato atrae la atención de un niño, que se niega a escupir. ....Tom recordó los festivales de los últimos años. El año en que rompieron todos los libros en la plaza y los quemaron y la gente estaba borracha y alegre. 
La primera noche de cuaresma: Nick, el amigo irlandés del relator, ha prometido para cuaresma abstenerse del cigarrillo. Es una persona calmada y pausada, tranquila y moderada en todo. ¿Por qué en cuaresma cambiaría? Tiempo de partir: El marido arma su maleta porque afirma que ha llegado su hora de muerte y quiere alejarse de la casa para morir, tal cual hacían ciertos hombres de ciertas tribus. Es un cuento cómico, con personajes bien delineados. 
Todo el verano en un día: En Venus el sol sale una vez cada cuatro años y por sólo dos horas. Los niños terrestres salen a verlo, obnubilados. Son niños que desean estar en la Tierra y envidian a una compañerita que pronto retornará al planeta de origen. La descripción de Venus, de sus árboles y de su clima, sin caer en la redundancia ni perderse en una profusión de adjetivos, me pareció perfecta. 
El regalo: En los cohetes no se puede subir con árboles. ¿Qué harán los padres de este niño que ha pedido un árbol para Navidad? 
El gran choque del último lunes: Un accidente fatal ocurre en los alrededores de una taberna. Todos se alertan cuando un accidentado entra sangrante. Los accidentes fatales entre bicicletas que impactan de frente, en este pueblo de Irlanda, se producen a cada rato. 
¡Al demonio con las intromisiones del gobierno! [...] "Vaya siempre de contramano, es más seguro", dicen. Mire ahora a estos muchachos, bien destrozados por todos esos embustes oficiales. ¿Por qué? ¿No lo ve usted? ¡Uno lo recordó, y el otro no! 
Los ratones: Una pareja de vecinos llama la atención por su gusto por vivir en la oscuridad y por su actitud huidiza.
La costa en el crepúsculo: Este cuento me gustó particularmente. Dos amigos, al parecer bastante distintos entre sí, están sentados en la playa cuando, repentinamente, los llama un niño, alarmado. Se trata de una sirena muerta en la arena. La manera vívida con la que describe el cuerpo de la sirena es tan convincente que, por un momento, pequeño, un segundo de distracción lectora, olvidamos que las sirenas son seres imaginarios. Así también lo creían los que la descubrieron, y sin embargo...
La ventana de color fresa: Una familia que añora el planeta Tierra pronto tendrá que contentarse con vidrio rosado que permita mirar el exterior árido de Marte teñido de una tonalidad rosada. 
El día en que llovió para siempre: El calor de este hotel en medio del desierto, perdido en la arena, se siente a medida que uno lee. La ansiedad de sus ocupantes por una lluvia y el hecho insólito que supone que permanezcan, a pesar de ello, son ingredientes que condimentan una historia bien contada. La lluvia se frustra el día que la esperan, pero mientras se lamentan, aparece una mujer en un automóvil, una jubilada, profesora de música que cambiará la situación de la manera menos esperada.

miércoles, 17 de marzo de 2010

"Crónicas marcianas", de Ray Bradbury

    Novela cuyos capítulos pueden leerse independientemente unos de otros, lenguaje casi lírico, impregnado de impresiones sinestésicas diría yo; es un libro genial de ciencia ficción que, a partir del conocimiento de la naturaleza destructiva de la raza humana, preludia el arribo a Marte y las consecuencias de ése y de todos los viajes posteriores al planeta rojo. Gran ingenio y creatividad, a Ray Bradbury no le asusta recrear un mundo paralelo cuya civilización está a la altura o, incluso, por encima de la nuestra.
    Los humanos nos sobrestimamos, en realidad es bien fácil ser superados. Es una obra llena de suspenso, imaginación, cuyos personajes terrestres suben a un cohete con destino a Marte escapando de la desidia en que ha caido el planeta Tierra, o esperando reconstruir allí arriba valores perdidos, como la libertad de imaginar, fuertemente censurada y desterrada. Otros van por simple codicia.
    Es curioso notar en la crónica "Un camino a través del aire (Junio de 2003)" el grado de esclavitud en el que imagina sumida a la raza negra en un futuro aún lejano, pues aunque el libro haya sido escrito en 1950 (y sería común esa visión en este contexto) , sus crónicas van fechadas desde 1999 al 1926, lo que pone de manifiesto quizás la gran dezasón que sentía al respecto y la poca esperanza de cambios. En este relato los afroamericanos van a buscar la libertad negada a otro planeta.
    Pero, cuidado, en piso ajeno, los alienígenas son los humanos.
Un fragmento de la obra
    "-Pobre criatura. Lo sacaré de esa miseria que lo llevó a imaginar este cohete y estos tres hombres. Será interesantísimo ver cómo sus amigos y su cohete se disipan en cuanto yo lo mate. (...) El psiquiatra salió de la nave después de hurgar, golpear, escuchar, oler y gustar durante media hora.
—Y bien, ¿está usted convencido? —gritó el capitán como si el señor Xxx fuera sordo.
El psiquiatra cerró los ojos y se rascó la nariz.
—Nunca conocí ejemplo más increíble de alucinación sensorial y sugestión hipnótica. He examinado el «cohete», como lo llama usted.—Golpeó la coraza—Lo oigo. Fantasía auditiva. —Inspiró. —Lo huelo. Alucinación olfativa inducida por telepatía sensorial. —Acercó sus labios al cohete. —Lo gusto. Fantasía labial. (...)
-¡Soy de la Tierra! Me llamo Jonathan Williams y estos…
-Sí, ya lo sé -dijo suavemente el señor Xxx, y disparó su arma.
El capitán cayó con una bala en el corazón. Los otros tres se pusieron a gritar. El señor Xxx los miró sorprendido.
-¿Siguen ustedes existiendo? ¡Soberbio! Alucinaciones que persisten en el tiempo y en el espacio. -Apuntó hacia ellos.- Bien, los disolveré con el miedo.
-¡No! -gritaron los tres hombres.
Quedaron tendidos en la arena, intactos, inmóviles. El señor Xxx los tocó con la punta del pie, y luego golpeó la coraza del cohete.
-¡Persiste! ¡Persisten! -exclamó y disparó de nuevo su arma, varias veces, contra los cadáveres. Dio un paso atrás. La máscara sonriente se le cayó de la cara (…) El rostro del menudo psiquiatra cambió lentamente. Se le aflojaron las mandíbulas. Soltó el arma. Miró alrededor con ojos apagados y ausentes. Extendió las manos como un ciego, y palpó los cadáveres... 
    Un fragmento del prólogo
por Jorge Luis Borges
    "Su tema es la conquista y colonización del planeta. Esta ardua empresa de los hombres futuros parece destinada a la épica, pero Ray Bradbury ha preferido (sin proponérselo, tal vez, y por secreta inspiración de su genio) un tono elegíaco. (...)¿Qué ha hecho este hombre de Ilinois, me pregunto, al cerrar las páginas de su libro, para que episodios de la conquista de otro planeta me llenen de terror y de soledad? (...) Acaso La tercera expedición es la historia más alarmante de este volumen. Su horror (sospecho) es metafísico; la incertidumbre sobre la identidad de los huéspedes del capitán John Black insinúa incómodamente que tampoco sabemos quiénes somos ni cómo es, para Dios, nuestra cara."
    No dejen de leerlo, adéntrense en ese mundo alucinante y caótico que encierran estas mágicas páginas.