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viernes, 2 de abril de 2010

Miera, de Antonio Gálvez Ronceros

Este cuento del peruano A.G.Ronceros me pareció fantástico, una cuota de humor, un poco de drama, una nota de color local, y el tinte de denuncia social que, he visto, se repite en sus cuentos. Su leitmotiv parecen ser el trabajador y las miserias de la vida, la sabiduria cotidiana, pero siempre centrándose en las clases obreras, en los sectores desprotegidos o marginados. Cuentos sin duda realistas y costumbristas, en los que se exponen, mayormente, los pesares de los campesinos, muchos de los cuales pertenecen a la cultura negra del Perú.
He aquí un ejemplo de ellos: Miera


Miera


En el camino que lleva al sembrado de camotes el negro Don Andrés supo que en los últimos días el caporal Basaldúa se había puesto a hablar feas cosas de él. Mientras compraba plantas en el sembrado y llenaba de camotes los serones de su burro le dijeron lo mismo. Entonces no aguantó más: trepó al burro de un salto y enderezó por un atajo hacia la casa del caporal. Pero ahí le dijeron que se había ido a vigilar unos riegos en la Punta de la Isla y que volvería una semana después. Sin decir nada pero aguantándose, don Andrés regresó rápidamente a su casa, se bajó casi arrojándose del burro, lo dejó plantado con los serones cargados, se metió corriendo en la primera habitación y llamó a su hija mayor:

—¡Pátora! —los labios se le habían hinchado y parecían pelotas. Saliendo de la habitación contigua, Pastora se presentó alarmada.

—Pátora, tú que sabe equirbí, hame una cadta pa mandársela hata la Punta e la Ila a ese caporá Basadúa, que nueta acá y sia ido pallá depué quiabló mal de mí. Yo te vua decí qué vas a poné en er papé.
—Ya, tata, vua traé papé y lápice —dijo la hija. Se metió en lo interiores de la casa y poco después regresó.
—Ponle ahí, Pátora—dijo don Andrés—, que su boca es una miera, que su diente es ota miera, su palaibra un montón de miera…Miera esa mula que monta. Miera su epuela. Miera su rebenque. Miera el sombreiro con quianda. Miera esa cotumbe e miera diandá mirando trabajo ajeno…Léemela, Pátora, a ve qué fartra.
Cuando la hija acabó de leer, don Andrés tenía un gesto de duda como si ya no confiara del todo en sus propias palabras
—Oye, Pátora—dijo finalmente—quítale un poco e miera a ese papé.