Es un libro de doscientas páginas que describe seis historias de infamia científica. Está muy bien documentado, con notas al pie, y escrito con la mayor simpleza que la asignatura permite. Se usa terminología afín a cada materia, pero casi siempre se explica con llamada al pie o se aclara en el transcurso narrativo, muchas veces se ilustra con ejemplos. Se contextualiza cada caso específico y se mencionan precedentes o precursores. No hay peligro de que un lector atento, con buena comprensión lectora, no entienda lo que se explica. Tanto reglas de la física, de la química como de cualquier otra rama están formuladas de manera clara y didáctica, para que un lector carente de casi toda noción científica (como yo) pueda comprenderlas. A Alinovi se le hace necesario explayarse sobre estas reglas, pues en la mayoría de los casos, será la contravención de ellas (el intento de desmentirlas presentando evidencia) lo que genere el fraude. Dice:
El fraude es una confirmación de la ciencia, un desesperado acto de fe en sus capacidades que generalmente contribuye a la corroboración de la teoría que querría refutar.
El foco está puesto sobre el fraudulento más que sobre el propio fraude perpetrado. El mismo autor lo anticipa en el prefacio:
Lo que estas biografías infames intentan develar es el móvil personal: tratar de entender lo que se pueda entender del fraudulento a partir de su fraude.
Los fraudes en cuestión
El hombre de Pildown, o la tentación de fraude patriótico
.... Habla de un impostado especímen humano que sería la misma cuna de la humanidad, cuyos restos fósiles serían encontrados en Pildown, Inglaterra. El develamiento de la estafa del hombre de Pildwon revela conexiones inesperadas con los argentinos Francisco Pascasio Moreno (más conocido como perito Moreno) y, de manera indirecta, con Florentino Ameghino. Un caso de mala fe.El caso Ronald Richter, o el fraude megalómano.
En este caso, el científico afirma tener la fórmula de la fusión nuclear controlada. Traba acuerdos con el presidente, Perón, y este subsidia todo estudio, gasto e instalaciones. El fraude es megalómano porque no existe ningún descubrimiento y se gasta una fortuna de dinero estatal. Otro caso de mala fe.
El caso de Johan Bessler, o el fraude por codicia
Este no quedó claro que fuera de mala fe, a pesar de que hubiese dinero, mucho, en juego; el autor parece dar crédito a los rumores que en la época desacreditaron al científico. Tampoco parece haber muestras de verdad alguna en lo que Bessler afirmaba conocer: el secreto del movimiento perpetuo. Es decir, algo que se mueva eternamente sin consumo de energía alguna, y sí produciéndola. Este capítulo me pareció curioso, muy interesante, pues repasa algunos casos de intentos fallidos por producir aparatos de movimiento continuo como ruedas desbalanceadas o el célebre sifón anómalo diseñado por Papin, el presunto inventor de la máquina a vapor. ¿Mala fe? No sé, no me quedó claro, ya que las acusaciones pudieron provenir de detractores, de competidores científicos. Quizás la mala fe se presuma del hecho de que no existe la posibilidad de construir una máquina de movimiento perpetuo (es decir, que no se detenga nunca)
El hombre de Miramar, o el fraude como proyección de la realidad
....Quizás el fraude ilustre la necedad de creer que un hallazgo científico puede
confirmar una supremacía nacional, pero también ilustraría cómo la construcción de una evidencia puede resultar de una obnubilación teórica.
confirmar una supremacía nacional, pero también ilustraría cómo la construcción de una evidencia puede resultar de una obnubilación teórica.Esto lo dice porque este fraude deviene de un convencimiento de Florentino Ameghino, de algo que ha sabido divulgar: que el origen del hombre es argentino. Yo no diría, por lo que leí del propio autor, que haya mala fe, sino más bien una convicción errada que pugna por moldear la realidad exterior en base a un deseo inconsciente que no se condice. En este capítulo, el autor le habla a Florentino Ameghino, buena parte del texto está escrito en segunda persona.
Paul Kammerer, el fraude como convicción alternativa
Este científico quiere reivindicar el lamarquismo (que sostiene que existe un cambio genético luego de un cambio de hábitat a la que una especie debe adaptarse, y que estos cambios se propagan a generaciones posteriores) oponiéndose al darwinismo, que dice que todo cambio es azaroso.
La discusión de la evolución siempre fue político-ideológica [...] Si los ideólogos racistas afirmaban que el origen genético lo determinaba todo, o casi todo, Kammerer les respondía "No somos esclavos del pasado, si no los artífices del futuro"
No hay mala fe, sí impericia.
Vishwa Jit Gupta o el fraude imaginario
Este paleontólogo indio robaba fósiles de universidades, museos o los compraba por la calle, y luego los atribuía a excavaciones llevadas a cabo en el Himalaya. Sí hay mala fe.
El autor se toma ciertas licencias literarias, como hablar en nombre de los aludidos o transcribir sus posibles pensamientos al momento de fraguar el fraude, o de hacer frente a sus adversarios. Hay mucho de la vida personal de los científicos imputados y mucho del ambiente en que se movían. El material epistolar, así como las notas periodísticas ocupan varios de los fragmentos que el autor cita.
Objeciones: No me convence el título. Me parece que para un libro de doscientas páginas, lo que lo hace breve y para nada abarcativo, porque presenta seis casos únicamente, le iría más adecuadamente algo como: Infamias científicas, Algunas infamias científicas, Seis casos de infamia científica, etcétera, las posibles combinaciones son múltiples. Quizás se haya preferido este título por una cuestión de impacto comercial.
